Muchas veces hablamos de las connotaciones políticas sociales y culturales de determinados temas, pero ¿qué pasa con la fotografía?, ¿podemos permitirnos pensar que cada fotografía lleva en sí misma un conjunto de connotaciones, que no sólo dependerán del autor de la foto en cuestión sino, además, de quien la perciba y del contexto en el cual ésta sea percibida?

Cuando observamos una foto, nos encontramos con una multitud de elementos representados en su gran mayoría reconocibles, tales como personas, lugares, formas, etc. Al mirar una imagen, reconoceremos y le pondremos nombre conciente o inconscientemente a aquello que miramos, cada cosa observada remitirá (si es que la conocemos) a una idea o al nombre de esa cosa, a esos signos cristalizados que reconocemos sin problemas y, sin agregar mucho de nuestro conocimiento, es lo que llamamos “denotación”. Por lo tanto la imagen fotográfica conlleva siempre una función denotativa.
En un segundo plano dentro de los órdenes de ideas, está la connotación, en donde cada individuo aportará datos sobre aquello denotado. Esta función enriquecerá la imagen y el perceptor establecerá varios tipos de relaciones posibles entre lo percibido en estado puro “denotado”, y todo lo que él conoce acerca de lo que allí está representado. Es en este momento donde comienza a funcionar la connotación, cuando la foto adquiere su significación real, cuenta una historia, aporta, enseña, duele, alegra, en síntesis afecta y, por lo tanto, no pasa desapercibida.
Un ejemplo para mostrar cómo funcionan estas operaciones es el de la foto que ilustra nuestro texto. Estamos frente a una imagen que en primer término contiene elementos análogos a cierta realidad, que podemos distinguir como unidades aisladas a las que les ponemos nombre: dama, perro, caballo, fusta, sombrero, riendas, pared. Pero cada cosa representada es entendida porque, de alguna manera, fue aprendida con anterioridad y por lo tanto es reconocida. Cada objeto que distinguimos es porque lo reconocemos y sabemos de él de antemano; el reconocimiento de los objetos y el entendimiento de la escena como tal, señora con sombrero, caballo y perro, será la denotación.
Entonces la imagen según quien la mire tendrá diferentes connotaciones. Quien sepa de moda, podrá leer con exactitud la época del atuendo de la dama, por lo cual lo denotado estará dando información específica sobre un momento de la historia, una clase social y un estilo determinado; en cambio, el aficionado a los caballos, podrá leer con cierta exactitud la función del caballo, por aquellas marcas específicas como lo son el tusado de la cola o de la crin, reconocerá si es un caballo de trabajo o de divertimento; un aficionado a la cría de perros leerá con exactitud la raza del animal. Un historiador de la fotografía quizá recurra a las lecturas anteriores como indicios, si lo que realmente necesita es confirmar la época en la que la fotografía fue tomada, verificará también la técnica con la que fue realizada, prestando atención al tipo de soporte y si la foto pertenece a la época de lo que representa o no; algún descendiente de la dama podrá distinguir parecidos aires de familia, entonces la imagen tendrá además una connotación afectiva.
Supongamos que supiéramos con exactitud a que época pertenece el vestido y el sombrero de la dama, y si éste está de acuerdo con la moda de cierto momento de la historia, esta connotación nos hará establecer una época en la que fue realizada la toma y podría pasar a nuestro entendimiento como imagen antigua (aunque haya sido una puesta en escena del mes de junio de 2005 y copiada hace pocos días), ya que connotar es también contextualizar el contenido visual, anclándolo en un momento y lugar determinado, aunque este sea erróneo. Sucede que siempre formarán parte de la connotación aquellas pistas que relacionen la imagen con algún contexto, real o elucubrado, a fin de que la fotografía pueda funcionar como una metáfora.
Los ejemplos nos muestran que la connotación es un proceso que desencadenará innumerables niveles de lecturas, y que cada uno de ellos dependerá de lo que el lector pueda sumar a esa cadena de signos abiertos que representa una foto. Por esta razón, lo que connota para un individuo no funciona igual para otro. Durante muchos años del desarrollo de las ciencias del signo era costumbre oponer la connotación a la denotación, donde la única realidad sería que la denotación en estado puro en la fotografía no existe ya que señora, sombrero, caballo y perro, también es una connotación puesto que debieron ser conocidos, reconocidos y aprendidos de antemano como la raza del perro para el aficionado a la cría de perros, la época del vestido para quien sabe de moda, y para quien sepa de fotografía, que la fotografía pertenece a los hermanos Alinari
En un segundo plano dentro de los órdenes de ideas, está la connotación, en donde cada individuo aportará datos sobre aquello denotado. Esta función enriquecerá la imagen y el perceptor establecerá varios tipos de relaciones posibles entre lo percibido en estado puro “denotado”, y todo lo que él conoce acerca de lo que allí está representado. Es en este momento donde comienza a funcionar la connotación, cuando la foto adquiere su significación real, cuenta una historia, aporta, enseña, duele, alegra, en síntesis afecta y, por lo tanto, no pasa desapercibida.
Un ejemplo para mostrar cómo funcionan estas operaciones es el de la foto que ilustra nuestro texto. Estamos frente a una imagen que en primer término contiene elementos análogos a cierta realidad, que podemos distinguir como unidades aisladas a las que les ponemos nombre: dama, perro, caballo, fusta, sombrero, riendas, pared. Pero cada cosa representada es entendida porque, de alguna manera, fue aprendida con anterioridad y por lo tanto es reconocida. Cada objeto que distinguimos es porque lo reconocemos y sabemos de él de antemano; el reconocimiento de los objetos y el entendimiento de la escena como tal, señora con sombrero, caballo y perro, será la denotación.
Entonces la imagen según quien la mire tendrá diferentes connotaciones. Quien sepa de moda, podrá leer con exactitud la época del atuendo de la dama, por lo cual lo denotado estará dando información específica sobre un momento de la historia, una clase social y un estilo determinado; en cambio, el aficionado a los caballos, podrá leer con cierta exactitud la función del caballo, por aquellas marcas específicas como lo son el tusado de la cola o de la crin, reconocerá si es un caballo de trabajo o de divertimento; un aficionado a la cría de perros leerá con exactitud la raza del animal. Un historiador de la fotografía quizá recurra a las lecturas anteriores como indicios, si lo que realmente necesita es confirmar la época en la que la fotografía fue tomada, verificará también la técnica con la que fue realizada, prestando atención al tipo de soporte y si la foto pertenece a la época de lo que representa o no; algún descendiente de la dama podrá distinguir parecidos aires de familia, entonces la imagen tendrá además una connotación afectiva.
Supongamos que supiéramos con exactitud a que época pertenece el vestido y el sombrero de la dama, y si éste está de acuerdo con la moda de cierto momento de la historia, esta connotación nos hará establecer una época en la que fue realizada la toma y podría pasar a nuestro entendimiento como imagen antigua (aunque haya sido una puesta en escena del mes de junio de 2005 y copiada hace pocos días), ya que connotar es también contextualizar el contenido visual, anclándolo en un momento y lugar determinado, aunque este sea erróneo. Sucede que siempre formarán parte de la connotación aquellas pistas que relacionen la imagen con algún contexto, real o elucubrado, a fin de que la fotografía pueda funcionar como una metáfora.
Los ejemplos nos muestran que la connotación es un proceso que desencadenará innumerables niveles de lecturas, y que cada uno de ellos dependerá de lo que el lector pueda sumar a esa cadena de signos abiertos que representa una foto. Por esta razón, lo que connota para un individuo no funciona igual para otro. Durante muchos años del desarrollo de las ciencias del signo era costumbre oponer la connotación a la denotación, donde la única realidad sería que la denotación en estado puro en la fotografía no existe ya que señora, sombrero, caballo y perro, también es una connotación puesto que debieron ser conocidos, reconocidos y aprendidos de antemano como la raza del perro para el aficionado a la cría de perros, la época del vestido para quien sabe de moda, y para quien sepa de fotografía, que la fotografía pertenece a los hermanos Alinari


